martes, 30 de agosto de 2011

BCN-BKK

Barcelona-Bangkok. De nuevo surcamos los aires rumbo a Asia, esta vez aterrizaremos en Tailandia, un país que siempre se caía de la lista en el último momento. No es que no sea interesante, pero siempre nos pareció un destino demasiado turístico.
Pero después de haber visitado Camboya, Malasia, Indonesia y el sur de China, toca. Completaremos el viaje visitando Vietnam, otro cromo que nos falta de la colección del sudeste asiático.
En Bangkok nos hospedamos a todo lujo en el hotel Baan k ¡por fin un hotelazo a precio de ganga!
El Baan k está en el barrio de Silom, algo alejado de Kao San -la zona turistica - y de los templos, pero muy bien comunicado y en plena zona comercial. Además el barrio es famoso por el mercado nocturno y la zona de PatPong.
Bangkok nos ha parecido una ciudad muy interesante y bastante limpia. Lo primero que hay que decir es que es muy grande, viven como 7 millones de personas o así y esta surcada por canales, autopistas, el skytrain y en el centro, pasarelas para peatones que comunican los rascacielos y los malls. En las calles, las aceras las ocupan puestos de comida y paradas que venden ropa. Los puestos de comida sirven sopa de noddles o pato laqueado y están siempre llenos. Dicen que los tais casi nunca comen en casa por que les sale mas barato comer en la calle.
Después de realizar las visitas mas típicas:  templos de Wat Arun y Chao Raya,  el palacio de Phra Borom, y los barrios de Kao San y Chinatown, nos dedicamos a callejear y visitar los mercadillos, que es lo que al final siempre nos gusta mas.
Nos movemos con el skytrain -un metro urbano que como el de Chicago o Berlín va elevado, es cómodo y brinda buenas vistas- o con las barcas que surcan los canales, porque meterte en un taxi o en un tuc tuc en hora punta es perder toda la tarde.
Por la noche visitamos el mercadillo nocturno de Silom y PatPong. Algunas tiendas de este mercadillo están especializadas en el mundo gaier y en algunas paradas venden unos calzoncillos divinos de la muerte. Después esta lo de Pat Pong, uno de los barrios rojos por los que es tan famosa esta ciudad, pero la verdad es que tampoco hay para tanto, el espectáculo debe estar dentro de los bares de go-go's, porque desde fuera solo se ves guiris barrigones y chicas agarradas a las barras con cara de aburrimiento.
Otro día contratamos un paseo en bici que nos lleva a conocer los alrededores de la ciudad, visitamos varios templos más y rodamos por algunos barrios populares, muy interesante.
Aunque no hemos planeado el recorrido del viaje, nuestra intención es visitar -además de Tailandia- el norte de Vietnam y tal vez Laos. Tras analizar los últimos acontecimientos y chequear los precios de vuelos a Hanoi, decidimos volar hacia allí en primer lugar y dejar las playas del sur de Tailandia para el final del viaje.
Así que nos vamos a Hanoi.
En Asia operan un montón de low cost que hacen muy económico y cómodo moverse por la zona. La que mas hemos utilizado es Air Asia.
Vietnam es otro destino aplazado, pero por cuestiones diferentes.
De Vietnam nadie nos ha hablado bien, lo común es oír que los vietnamitas son violentos y que hacen sentir al viajero como un dólar con patas, incluso alguno amigo nos había relatado experiencias peligrosas y denigrantes, que claro, con lo grande que es el mundo y la de sitios y gente interesantes que hay para conocer, pues como que da un poco de mandra ir para allí. Pero lo tenemos tan cerca y es tan popular… que habrá que conocerlo en primera persona para después poder opinar ¿no?
Hanoi es territorio motard, la ciudad esta ocupada decenas de miles de scooters. Se forman atascos de motos a todas horas y por las aceras no se puede caminar porque es el sitio reservado para aparcarlas. Las aceras las ocupan las motos, y como en Tailandia, puestos de comida callejeros, que aquí sirven  pho -plato típico vietnamita a base de caldo, noddels y verduras- en unos taburetes de un tamaño que solo había visto en la sección infantil del Ikea.
Visitamos la pagoda de la literatura y el museo etnológico -muy recomendable- y deambulamos alrededor del lago Ho Hoan, donde la gente acude en masa por las tardes, unos hacen tai-chi, otros pasean y las parejitas se hacen carantoñas. 
Cuando el sol se pone, cientos de farolillos de colores colgados de los árboles iluminan el lago, muy romántico tot plegat.
Después, siguiendo los consejos del libro sagrado -la lonely planet- nos trasladamos a Halong Bay, concretamente a la isla de CatBa.
Nos cortamos de contratar un mini crucero por la bahía después de haber escuchado y leído historias espeluznantes. Que si te tienen 2 días dando vueltas a las mismas islas, que si la comida es una mierda, que si antes de dejarte en el puerto has de aflojar mas pasta de la pactada… en fin, que con ver la bahía desde el barco que nos llevaba a la isla ya teníamos suficiente.
En el barco coincidimos con Eric y Far. Eric es un tipo canadiense que vive en un velero con el que esta viajando por el mundo desde hace 3 años y Far una tailandesa con una vida muy interesante.
En un momento dado Eric me invita a una cerveza y cuando le devuelven el cambio “olvidan” parte del mismo. Eric lo reclama y el camarero no le hace ni puto caso. Eric levanta la voz recordándole que le debe pasta y el capitán -o lo que fuera- se acerca y tira las cervezas por la borda para acto seguido agarrar una botella de cristal de otra mesa y levantarla haciendo el ademán de rompérsela a Eric en la cabeza mientras grita cosas feas en vietnamita. Entre todos calmamos a Eric y el asunto se queda ahí.
CatBa nos gustó. La isla es famosa por que es la base perfecta para organizar paseos en kayak por la bahía, trekkings y escalada sin cuerda con caída al mar. Pero lo que nos pareció mas interesante son los pueblos flotantes de pescadores, que anclados en cada una de sus bahías se dedican a criar pescado en pequeñas piscifactorías caseras.
Hicimos una excursión en kayak muy chula y practiqué un poco de escala sin cuerda. Aunque mi grado no da para mucho, lo guapo es saltar al vacío una vez acabada la vía. Si vais, contratar todos estos servicios con Slowponi, lo llevan unos guiris que lo hacen muy bien.
Después de Halong, nos trasladamos a Ninh Bhin en busca de sus formaciones kársticas entre arrozales y un poco de la vida rural vietnamita. Esta bien, pero si quieres ver ese tipo de paisajes vete a Guilin -China- mucho mas bonito.
Lo mejor fue alquilarnos una moto y vagar sin rumbo. A la que nos salimos de las zonas mas turísticas la gente nos pareció mas agradable.
Después volvimos a Hanoi con el propósito de alquilar una moto y recorrer el norte, pero no paraba de llover y la previsión no mejoraba en semanas, así que decidimos pasar un par de días más en la capital antes de elegir nuestro próximo destino.
Pero esa tarde lo vimos claro.
Todos los hoteles estaban full y nos toco deambular cargados con las mochilas de aquí para allá; en uno de ellos nos pedían 25 dólares por una habitación cochambrosa -¡lo mismo que habíamos pagado en el Baan K de Bangkok!- pero en vista de que no había mucho donde elegir, intenté regatear un poco… ¿no me puedes bajar un poco el precio? la habitación no tiene aire acondicionado ni agua caliente a lo que el del hotel me respondió fukof out out. 
Yo no se mucho ingles, pero se que fuck off significa ¡que te follen! así que -de muy buenas formas- le dije al tío que se tranquilizara; acto seguido, pilló unas tijeras bien largas y amenazándome, me volvió a gritar fukof out, out! 
¡dios mio, no me siento las piernas!... ¡esto es un infierno!
A este país nadie en la historia reciente le ha ganado una guerra -ni siquiera el bueno de John Rambo pudo con ellos- y eso no debe ser una casualidad.
Así que entre las lluvias del norte, que al sur no nos apetecía bajar por que ya conocemos Camboya y los continuos numeritos que monta esta gente, decidimos que había llegado el momento de decir... ¡Goooood bye vietnam!.
Quizás hayamos tenido mala suerte, y seguro que en las zonas del país donde no llegan turistas los vietnamitas son encantadores, pero con la buena onda que estamos teniendo en este viaje, no nos apetece tener que andar preocupándonos de tonterías, asi que... Vietnam para los vietnamitas.

No brasa Milega


A pesar de que después del Ladakh, lo único que realmente me apetece visitar es Bombay y Hampi, aprovecho que me desplazo al sur para conocer Goa.
Como sospecho que lo de Goa no me va a gustar demasiado, elijo Palolem, que en la Lonely definen como “la ultima perla de Goa… la playa mas tranquila”.
La playa en si no esta mal, su forma de media luna, su arena blanca, sus palmeras… pero el agua es marrón y donde acaba la arena, empieza el rosario de cabañas con techos de lona y tiendas que venden las mismas mierdas que en cualquier otra playa del mundo…“Hey my friend, do you need a taxi, some chara?”… y cómo en el resto del país, la armada israelí ha desembarcado en masa, imponiendo su peculiar way of life.
Total que no le encuentro la gracia a Palolem y me voy a Gokarna, que como Venares es una ciudad de peregrinaje para los hindús, y donde según tengo entendido resiste uno de los últimos santuarios hippies que quedan en India.
En el pueblo cada mañana se hace una puja donde los peregrinos recién llegados -siempre hombres- se bañan en el mar, se afeitan la cabeza y se visten con unos calzones naranjas o blancos llamados dotis cuando son cortos y longuis cuando son largos, antes de dirigirse a uno de los tres templos a cumplir con sus rituales. Aunque los no hindús no podemos entrar en los templos, es muy interesante sentarse en alguna sombra a observar el trasiego de hombres en dodotis, las vacas y las mujeres vestidas con sus sharis multicolores.
Me establezco en Om Beach, donde por fin tengo la sensación de volver a estar en un lugar especial y bonito.
Con las prisas la primera noche me instalo en la primera guest house que pillo ¡gran error! En el colchón de mi cuarto habitan mas especies de insectos que en todo el continente antártico: cucarachas, ciempiés, hormigas, mosquitos y obviamente chinches… un asco, la peor noche en India.
Por suerte las cosas mejoran, y al día siguiente me traslado a una pensión decente y conozco a Miriam, Mónica y Arturo, de barna, que me adoptan unos cuantos días.
En la guest house hay 4 grupos de clientes bien diferenciados:
Los yoghis, que son gente espiritual que se levanta al alba para hacer yoga, meditan durante la puesta de sol y aprovechan cualquier ocasión para ejercitar la posición del loto. Son muy disciplinados y es de admirar la entrega con la que se consagran a sus ejercicios y la resignación con la que asumen los excesos de los perriflautas y los israelitas.
Los perriflautas. Aunque a priori parecería que su actividad se reduce a dormir de día y dar por culo de noche, una observación mas detenida arroja la sorprendente conclusión de que es el colectivo mejor adaptado a este gran país… encajan perfectamente en la cosmología hindú y sus estándares de limpieza, orden, etc.  
Los israelitas… exactamente los grupos de israelitas que acaban de hacer la mili y están de año sabático, dan pena… y que me perdonen, pero cualquiera que haya coincidido con ellos de viaje sabrá de lo que hablo. Lo que resulta mas patético de su actitud chulesca, bullera, violenta etc, es la falta de respeto que demuestran hacia el país que visitan… ellos sabrán que coño les pasa.
El último grupo de clientes lo componemos los guiris vulgaris.
En Om la verdad es que no hay mucho que hacer. Por las mañanas es curioso ver como pescan los locales.  Lo hacen utilizando una sola barca, que partiendo de un extremo de la playa extiende la red por la bahía dejando la otra punta en el otro lado; después, sendos grupos de hombres van recogiendo la red desde cada uno de su extremos. Se pasan un buen rato, pero pillan cantidades industriales de pescado.
También esta bien hacer una excursión a las playas de half moon y paradise beach.
A la hora de comer los israelitas ya suelen ir bastante ciegos de porros y les entra el hambre salvaje, así que olvídate de pedir nada hasta que hayan acabado.
Los perriflauticos, que ya suelen haberse despertado, están de resacon en las hamacas esperando las sobras de los israelitas y planificando como conseguir chara -marihuana- bolas de opio o lo que sea, para ponerse ciegos lo mas rápidamente posible.
La puesta de sol es el momento yoghi. Se puede ver a decenas de ellos orientados hacia el ocaso en la posición del loto, inmóviles, concentrados, harmónicos.
La noche es perriflautica.
Una vez recuperados de la resaca vuelven a la carga con su arsenal de drogas, hasta que alguien saca el didgeridoo o improvisa un timbal, y a dar por culo hasta el amanecer.
Los amaneceres ofrecen estampas inolvidables de yoghis meditando entre cuerpos semiinconscientes de perriflauticos fundiéndose al sol.
Hampi mon amour.
Si -con permiso de Venarés- hay un sitio especial en la India hindú es Hampi, o eso creo yo.
Hampi es como Angkor Bat (Camboya) pero con gente viviendo dentro de los templos. Bueno, seguro que un especialista me diría que de eso nada, que se trata de culturas incomparables que florecieron en periodos diferentes, pero a los ojos de un guiri vulgaris como yo, la comparación resulta inevitable. La cosa es que me gustó mucho y estúve muy a gusto.
Allí me reencontré con Arturo y Mónica y pasamos unos días muy divertidos retozando entre excursión y excursión en el Garden Palace, una Guest House donde durante nuestra estancia se sucedieron acontecimientos remarcables.
A nuestra llegada al Garden se produjo un motín por parte de los trabajadores que dejo la Guest House a la deriva. Al `parecer el dueño debía unas cuantas semanadas y los empleados decidieron tomarse la justicia por su mano desatendiendo sus obligaciones.
Los guiris nos alineamos con la línea reivindicativa y decidimos permanecer en el lugar a pesar de los inconvenientes como medida de apoyo, y el asunto tomo rápidamente aires surrealistas.
Los monos se adueñaron de la cocina y los perros y las vacas del jardín, y en cuanto corrió la voz del golpe de estado, el lugar se llenó de ocupas y indios curiosos con quien compartíamos chais, mientras zanganeábamos en la terraza del Garden viendo fluir el río Tungahbhadra.
A Hampi se va a hacer boulder y a visitar templos.
Lo del boulder -variante de la escalada que se practica sin cuerda- es debido a que en Hampi abundan pequeñas formaciones rocosas ideales para su práctica. Pero tanto en el pueblo como en sus aledaños perviven decenas de templos Vijayanagara sorprendentemente bien conservados -que en algunos casos aun se encuentran habitados- y que no te puedes perder si visitas el sur del país. Una pasada.
Finalmente, tras un suplicio de autobuses que se estropean, aviones que se retrasan y  botones de guesthouses que no encuentran los paquetes en la consigna consigo embarcar por los pelos, pero con todo el equipo, rumbo a casa.
De esta segunda visita al país me vuelvo con muchas dudas. Ha sido un viaje 2x1 del que me llevo el profundo respeto que me inspira la cultura Budista, la belleza de sus paisajes y las dudas acerca de los principios que rigen la sociedad Hindú, tan aparentemente espiritual como despiadada con los descastados.
Por lo visto, tendré que volver algún día con la excusa de aclararme al respecto.

Pedaleando por el Himalaya (II)

Kinnaur Valley.
Como dije, este viaje empieza en Shimla, donde llego tras 10 horas de avión y otras 12 en taxi. Monto la bici y lo preparo todo para completar mi recorrido de 1200km hasta Leh, a través de los valles del Kinnaur, Spiti y Ladakh.
Durante los primeros días recorro las polvorientas carreteras que comunican Shimla con el valle de Kinnaur, un valle 100% hindi: carreteras desastrosas, olor a vertedero y mucho ruido.
Lo del olor a vertedero, es porque en este país la mierda la queman. Cuando barren no recogen, desplazan o amontonan, y cuando tienen un buen montón lo queman, así que desde que sales por la puerta del aeropuerto de Delhi, notas ese olor a plástico quemado. Te acabas acostumbrando, no es problema.
La verdad es que han tenido que hacer autenticas virguerías para trazar esta carretera y que no parezca una montaña rusa. Desde Shimla, atraviesa unos cuantos valles y casi no pierde altura. En algunos tramos, la carretera parece una regata excavada en la montaña. El problema, es que al avanzar en una geografía tan abrupta, está muy expuesta a los corrimientos de tierras, que por aquí llaman floods, y que se producen cada año en la época de lluvias dejándola hecha un desastre. La cosa, es que a tramos está bien, con su asfalto y sus bocinitas pintadas en las piedras, pero a ratos es un infierno de polvo y baches.
Las bocinitas. En este país los conductores utilizan el claxon a go-go. Pitan a todas horas, a veces para avisar, otras para saludar… lo hacen por sistema, no obstante todos los camiones llevan escrito en su parte posterior “blow horn” o sea ¡pita! y en la carretera, cuando llega una curva o un paso cerrado, dibujan una bocinita en la roca como para recordárselo. El hecho es que cada vehiculo que me cruzo o me sobrepasa pita. Los pitidos van desde los clásicos bocinazos a autenticas salvas de honor con melodía incluida. Después de cruzarte con mil vehículos al día acaba rayando un poco.
Los pueblos que voy atravesando estos primeros días van desde muy feos a absolutamente horripilantes… pero es normal, son pueblos de carretera. Esta, casi nunca está asfaltada cuando los cruza, así que los sumerge en una nube de polvo o en un pastizal dependiendo de la época del año. Pero a la que te alejas de la NH-22 la cosa cambia. La segunda noche la paso en Sarahan, un pueblecito bastante chanante, con su templo hindú, sus plantaciones de manzanos y sus vistas sobre el macizo de Kailash.
Buenas noticias.
Por la mañana, me cruzo con dos ciclistas australianos que están completando la ruta al revés. Me cuentan que aunque hace mucho frío, los pasos más altos aun están abiertos y que la carretera mejora al entrar en el valle de Spiti… pero que lo que me queda de Kinnaur es un fucking hell.
A los trabajos de mantenimiento habituales en la carretera debido a los desprendimientos, se unen los de la construcción de una presa río arriba que obliga a cambiar el trazado de la carretera en algunos tramos. En pocos kilómetros quedo rebozado de mierda, por lo que finalmente decido subirme a un camión hasta sobrepasar las obras de la presa. Entre desprendimientos, hidroeléctricas, polvo, cemento y camiones, llego a Recong Peo el sábado muy pero que muy tarde; y como a partir de aquí necesito un permiso especial para circular -la frontera con el Tíbet esta muy cerca y la carretera esta militarizada- y la oficina expedidora de permisos cierra el domingo, me toca descansar un día… ¡buenas noticias para mi culo!.
Aprovecho el día de descanso para visitar Kalpa, un pueblo cercano con buenas vistas sobre el Kailash, y para socializar un poco con los indios y algún que otro israelita, absolutamente entregado a las bondades de la botánica local.

Spiti Valley.
Hasta ahora el camino ha transcurrido encajonado entre paredones siguiendo el curso del río Sutlej, muy expuesto a los floods, que los pobres road workers - normalmente nepalíes, que trabajan y viven en en la carretera en condiciones penosas- se afanan en arreglar a toda prisa para mantener comunicados estos valles con el resto del país.
La siguiente parada la hago en Spillow, donde coincido con Olivier, un ciclista francés que esta dando la vuelta al mundo y viene de Leh. Intercambiamos información y compartimos habitación.
A continuación toca el primer gran puerto de la ruta, que tras 1400 metros de ascenso me deja en Nako, a 3600 metros de altura. Aunque administrativamente Nako aun pertenece al Kinnaur, los rasgos de la gente, su indumentaria y las estupas, ponen de manifiesto que el mundo hindú se quedó en el fondo del valle.
Poco después toca cruzar el “Mailing Slide”, el flood más famoso de la ruta. Cada año después del monzón la carretera queda impracticable en este punto, donde el terreno es muy inestable y abrupto. Aunque encuentro el paso abierto, me quedo acojonado cuando veo los pedazo pedrolos que caen continuamente ladera abajo.
Paso de puntillas y sin pestañear.
Más tarde la carretera desciende hasta que por fin ingreso oficialmente en el Spiti Valley, y donde la proximidad con el Tíbet -la frontera está a solo 40 km- se manifiesta en forma de campamentos militares por todas partes y controles policiales a todas horas.
En estos controles, o cuando te cruzas con turistas indios, siempre las mismas preguntas: de que país eres? viajas solo? por qué? estas casado? tienes hijos? por qué? cuanto vale la bicicleta? y las gafas de sol? que opinas de la india? por qué? me dejas probar la bicicleta? ponte aquí que me hago una foto contigo… otra foto mas… me dejas las gafas para hacerme una foto? etc etc etc 
Poco a poco, la carretera vuelve a ganar altura y las vistas se abren. El valle de Spiti es precioso. Los bosques y plantaciones de frutales, el trafico de TATA’s y los pueblos horrendos se quedaron en Kinnaur. Aquí el terreno es árido en el fondo del valle y escarpado y forrado de glaciares en las cumbres.
Aunque ya no me bajo de los 3000 metros, durante el día hace un calor que te cagas, de hecho, desde que empecé el viaje no he visto ni una nube, la única sombra la encuentro en los pueblos, auténticos oasis que crecen a la sombra de bosquecitos de abedules que a estas alturas de la temporada están a punto de perder las hojas.
Las casas en Spiti son siempre iguales, no hay cemento, todo se construye a base de adobe y madera. Son casas robustas, preparadas para preservar del frío y mimetizadas con el entorno… todo es marrón tierra o azul cielo, el resto de colores solo existen en las prayer wheels y en las carrocerías de los pocos TATA’s que se atreven a llegar hasta aquí.
Las prayer wheels son unos banderines de colores que los budistas despliegan en las estupas o en los pasos elevados, para que el viento difunda las oraciones que llevan impresas.
En Tabo me distraigo con los participantes de un rally de coches al mas puro estilo hindi, que a su vez se distraen conmigo mientras los observo sentado en la plaza. Menuda panda de frikis! Conducen unos cochecitos tipo “SEAT 127” forrados de las pegatinas mas inverosímiles que os podáis imaginar y enfundados en unos monos como los de los Power Rangers. Algunos incluso llevan casco con pinganillo (¿funcionará?). Parece una caricatura mala. Hoy, el ganador ha desconchado una botella de coca-cola y ha intentado emular esas imágenes de los pilotos rociándose con champán.
Inolvidable.
En Tabo hay que visitar el monasterio. Dedicado a conservar el legado del Lama Lotsawa Rinchen Tsang Po, es uno de los templos Budistas-Tibetanos mas importantes que aun siguen en activo en el Himalaya. Y aunque yo no se apreciar los detalles de lo que eso significa, me emociona el cariño y el amor que muestran los monjes por su pasado y su cultura, que han sabido conservar por mas de 1000 años.
Entre Tabo y Kaza más calor y campamentos de road workers.
En Kaza le pego un repaso a mis llagas y visito la Ki Gompa.  ¿qué llagas?... las de mi culo por supuesto. Como en cada viaje de bici, aparecen a la semana de empezar a pedalear y por lo que veo, esta vez están saliendo especialmente hermosas.
Ki Gompa es mi primera Gompa. No hace falta esforzarse mucho para imaginarse las Gompas como nuestros castillos medievales, que desde lo alto de algún risco dominaban los valles colindantes que les rendían tributo. Aquí la imagen es la misma pero el concepto diferente. Nada en su arquitectura sugiere una función militar (no están fortificadas ni presentan ningún otro elemento defensivo) ni albergan a ejércitos, reyes u otras institución dedicadas a someter, solo monjes, cuya misión es conservar la cultura y tradiciones Budistas-Tibetanas de los valles de Spiti y ofrecer formación y retiro espiritual a los que eligen la vida monacal.
Desde lo alto, mientras los monjes celebran una puja -ceremonia de oración- imagino los campos cultivados al fondo del valle como un tablero de ajedrez, donde Ki Gompa reta a las enormes montañas del otro lado del valle.
Otro día mas de bici y me planto en Lossar en la base del Kunzam La, un puerto de montaña que con 4500m ya se puede clasificar de “serio”. El sitio es un puesto de control del ejército Indio con una pensión, una tienda que además de vender cuatro cosas prepara momos (especialidad de origen tibetano consistente en porciones de verdura o carne de cordero envueltos en masa de harina y cocidos al vapor) y una banda de perros roba momos con muy malas pulgas.
Después de revisar a fondo mi pasaporte y hacerme un cuestionario infinito de preguntas acerca de aspectos de mi vida que ni yo me había planteado nunca, los militares indios me confirman que todos los pasos de montaña hasta Leh permanecen abiertos y que en la carretera hasta el Kunzum La no ha habido desprendimientos últimamente.
Y decían la verdad, hasta el Kunzum La la carretera estaba de puta de madre, pero entre el puerto y Koshkar (mi siguiente parada) me cargué tres radios, pinché dos veces y rompí la cadena.
Las sensaciones subiendo fueron muy buenas, no noté la altura, no pasé frío y el paisaje era espectacular. En la cima del puerto 3 estupas con miles de banderines al viento, unos pocos viajeros budistas rodeándolas ceremonialmente y algunos turistas hindis haciéndome fotos y preguntas.
La primera parte de la bajada -hasta el desvío de la carretera que lleva al lago de la Luna- esta muy bien, pero una vez en el fondo del valle, la pista sigue el lecho del río Chandra, y fueron como 30 km rodando encima de piedras sueltas tipo bolo… un suplicio para mi culo y para la bici.
Según mi road book, en Chhatru -donde tomo la NH-21, que ya no abandonare hasta llegar a Leh- debería haber alojamiento, pero no encuentro nada abierto, así que sigo hasta Koshkar, donde solo hallo un albergue para camioneros y road workers.
Estoy reventado y todo me da igual, así que aparco la bici al lado de la cama, y bajo la atenta mirada del resto de huéspedes me hecho en la cama… para acto seguido impulsarme fuera de ella en un movimiento muy parecido al gusanito del break-dance… sospecho que me he echado al revés, y he puesto mi cabeza sobre el extremo del colchón utilizado por esta buena gente para ubicar los pies… pero no, en el otro lado el olor es aun mas intenso.
Vivir como un camionero indio no es fácil.
Necesito una ducha y comer algo diferente. Por estas tierras no hay demasiada variedad culinaria y en los pocos puestos de comida que voy encontrando, solo sirven dal. Dal para desayunar, dal para comer y dal para cenar. El dal es arroz blanco -generalmente muy pasadito- acompañado de algún tipo de guiso muy picante a base de vegetales o legumbres, y que en algunas ocasiones se acompaña con unas tortas de pan llamadas chapati. Se come con la mano y si te quedas con hambre siempre puedes repetir. Desde que entré en Spiti también me han ofrecido momos, pero como la mayoría de los conductores que hacen esta ruta son Punjabis, en los puestos de carretera se come dal.
Después está lo del chai. El chai, además de ser lo que es -té con leche y mucho azúcar, servido hirviendo- es un ingrediente principal de la cultura hindi -de toda Asia diría yo- que tanto da para matizar el devenir de la siempre sorprendente cuotidiania india, como para acompañar cualquier otra situación que uno se pueda imaginar. La invitación a un chai es ineludible.
Desde que coincidí con Olivier en Spillow, cargo una carta para entregársela a la familia Tenzing en Jispa, un pueblo situado al inicio del Baralacha La, el segundo gran puerto.
Al parecer, Olivier pillo un virus estomacal y en Jispa busco un medico. Como no había medico y el tío hacia muy mala pinta, la familia Tenzing lo acogió y lo cuido hasta que pudo seguir el camino. En su momento no aceptaron dinero ni ningún regalo a cambio, y en la carta, Olivier ha puesto una foto suya y algo de pasta.
Llego a Jispa pronto, busco a los Tenzing y les entrego la carta. Primero se alegran al reconocer a Olivier y luego ponen cara de fastidio al ver el dinero. Después me invitan a un chai, a dos, a tres… y ya no me puedo marchar. Esa tarde calientan agua para que me limpie, me enseñan a hacer momos y me ofrecen una habitación para dormir.
Una tarde inolvidable.
Al día siguiente me pego la paliza del viaje. Desde Jispa asciendo el Baralacha La y desciendo hasta Sarchu -90 km y 2000 metros de desnivel- metiéndome de lleno en “la zona de la muerte”. Si tengo algún problema entre Sarchu y Pang, solo podré salir volviendo a ascender hasta los 4988 de este puerto o los 5300 del Taglang La.
Glups.
Aunque por la mañana tengo mis dudas acerca de cómo gestionar el ascenso al Baralacha La, a medida que ruedo compruebo que la pendiente nunca es excesiva y el firme bueno, así que voy haciendo kilómetros hasta que lo corono dos horas antes de la puesta del sol. La cima del puerto es un importante nudo de collados que une los valles de Spiti, Zanskar, Lahaul  y Ladakh.
Escribo algo y lo escondo bajo un hito que construyo con piedras. Después inicio la bajada hipnotizado por el paisaje y los colores del atardecer.
El viento favorable me impulsa sin necesidad de dar pedales y no me cruzo con nadie más en la carretera, solo yo, el valle y la luna.
Sarchu, situada en medio de ningún sitio a 4300 metros de altura, es un campamento de yurtas -tiendas de campaña con planta redonda, hechas con lonas de paracaídas- que durante la temporada en que la carretera permanece abierta, se convierte en parada obligatoria para los autobuses que cubren el recorrido de dos días entre Manali y Leh. Ahora, solo quedan dos yurtas en pie.
Elijo la yurta azul y tengo suerte. La llevan dos chicas, que fuera porque estaban aburridas, porque les caí simpático, o porque les dio por ahí, me prepararon la cena mas espectacular del mundo a base de thug-pa -sopa tibetana a base de vegetales, huevo y pasta- momos de cordero, chapatis a go-go, pastel de calabaza y lassi con miel… realmente justo lo que necesitaba.
Como decia, en Sarchu solo quedan dos yurtas y 6 TATAs, cuyos conductores Punjabis y sus ayudantes tratan de descongelar por la mañana, prendiendo pequeñas hogueras bajo el motor y el depósito de gasoil.
Hace un frío espeluznante.
Ese día asciendo dos puertos mas, y hago noche en Pang a 4600 metros.
El primer puerto es el de Nakee La, y le llaman el Alpe d’Huez del Himalaya porque en su ascenso se trazan 21 curvas -las Gata Loops- como en el ascenso al mítico puerto de los Alpes… excepto que aquí la cima esta situada a 4900 y pico metros, oh la la!
Después el Lachulung La de 5000 y pico metros, cuya principal dificultad es ascenderlo después del otro.
Llego a Pang congelado y ya no me quito el frío de encima hasta que me voy del Ladhak.
Echo de menos los bocinazos de los TATA. Desde que salí de Jispa me he cruzado con muy pocos vehículos, y cuando digo muy pocos me refiero a solo cinco o seis al día que normalmente viajan en convoy.
Así que toda la belleza de estos valles es para mi solito. A ratos me acompaña MJ a bordo de la Bold Eagle recorriendo el lejano oeste, a ratos arrastro la bici a través de las lagunas del desierto de Atacama y otras veces, conduzco mi "seat ibiza" surcando el Sahara camino a Mauritania.
Experimento la misma sensación de respeto y privilegio que he sentido en otros grandes viajes.
Al llegar a Pang me instalo en el Saajan Hotel, la yurta de la Sra.Pema, una mujerona Ladakhi con voz de camionero. Y aunque ni ella habla español ni yo ladakhi, conseguimos comunicarnos. Parece que al dia siguiente desmonta el chiringuito y se traslada a Rumtse, al otro lado del puerto. Me explica que en las inundaciones del 2009 perdió su casa, y que mañana llega el mal tiempo.
A la mañana siguiente, el cielo amanece encapotado.
Inicio el ascenso hacia las Morey Plans, los últimos cincuenta y pico kilómetros antes de coronar el Tangla La -el ultimo puerto de la ruta- de 5300 metros.
Una vez en las Morey Plans viento en contra y el horizonte hacia el que me dirijo, negro negro negro.
Empieza a nevar y el viento sopla racheado levantando nubes de polvo. Los road workers se recogen en sus campamentos y a lo lejos intuyo el desvío hacia el valle de Tso Kar  -a donde Olivier se dirigió para evitar el Tangla La que encontró impracticable- y que parece muy interesante, pues habitan tribus nómadas y según dicen, es la ruta mas utilizada por los Tibetanos para huir del país... pero yo no me voy a escapar por ahí, porque en vista de que… A) dentro de muy poco tendré el tormenton encima B) no tengo ningún sitio donde esconderme y desconozco como evolucionan los tormentones por estas tierras, y C) si el paso del Tangla La -que tengo previsto abordar mañana- se queda bloqueado, tendré que deshacer doscientos y pico kilómetros y un montón de puertos, decido que… ¡se acabó! y que me subo al primer camión que pase.
Y aunque me estoy un buen rato esperando, el primer camión que llega para.
Y cómo no, se trata de un TATA. Después de todo el viaje renegando, tiene su gracia acabar rescatado por uno de ellos.
Me rescata un convoy de 6 camiones que lleva material de construcción a una base militar en Leh. Evidentemente son conductores Punjabis y eso se sabe porque cuelgan una sandalia puntiaguda en el radiador de los vehículos.
En todos los camiones va un conductor y un ayudante. El conductor conduce y bebe sorbitos de chai, mientras el ayudante se encarga de controlar la presión de los neumáticos, cambia las ruedas pinchadas, descongela el motor por las mañanas y indica en las maniobras.
Desde el habitáculo del camión la carretera se ve muy diferente a como se percibe agarrado al manillar de la bici, y entre la nueva perspectiva, la cantidad de camiones hechos un amasijo de hierros que se ven en el fondo de los terraplenes y que uno descubre que la cabina esta fabricada con madera… me apeo del TATA en Rumptse, donde el convoy hace una parada para abastecerse de chai, y desde allí pedaleo hasta Tikse, a tan solo 30 km de Leh.
Durante el camino observo como ha quedado este valle después de las inundaciones del 2009, cuando en pocos minutos y debido a unas lluvias torrenciales, colapsaron las laderas de algunas montañas sepultando pueblos enteros bajo metros de barro y piedras.
Desde Upshi la carretera discurre paralela al río Indo y una tras otra se suceden decenas de bases militares de los ejércitos Indios. Carteles en los márgenes de la carretera exhortan a los militares a estar preparados para -cito textualmente- las próximas batallas en Kabul, Lhasa y Pekín.
En esta área convergen las fronteras de la India, Pakistán y el Tíbet (China).
A pocos kilómetros se encuentra el campo de batalla a mas altura del mundo -en el Valle de Nubra- donde se lucha por el control del Kashmir, una región donde conviven sin demasiada armonía las culturas Hindú e Islámica.

Ladakh.
A vista de pájaro, el valle del Ladakh es como una cicatriz en medio del Himalaya, una anomalía que hace habitable un área inhóspita donde lo habitual es la sucesión de montañas y valles a alturas incompatibles con la naturaleza humana. Y donde el aislamiento y la dureza del entorno han moldeado una cultura particular.
En Leh, tengo la suerte de conocer a Xavi y Estrella.
Xavi es un escalador catalán que se instaló en la ciudad  hace 3 años y esta preparando una guía muy completa del valle. Se ha pateado todos los valles, pueblos, tapias y cimas del Ladakh; y Estrella es una cooperante que trabaja gestionando las ayudas dedicadas a reestablecer la normalidad en los valles afectados por las inundaciones del 2009.
Entre paseos por la ciudad y cenas en el Summer Harvest, me ponen al día de las costumbres Ladakhis y conozco a la comunidad guiri que aún resiste en Leh.
Por desgracia, desde que salí de Pang no para de nevar y cada día hace más frío -el Tangla La quedó definitivamente cerrado el día que lo crucé ¿qué habrá sido de los chicos del convoy y sus camiones?- y excepto las visitas a gompas y monasterios cercanos, ni pensar en hacer nada mas ambicioso en el valle.
La ciudad se prepara para pasar el invierno y la gente se esfuma, así que tras una semana esperando un cambio de tiempo que no llega, decido apurar los días de viaje que aún me quedan en la India visitando Bombay y Hampi, asignaturas pendientes desde mi anterior visita.
Pero con la bici a cuestas no voy a ninguna parte, así que aprovecho la escala en Delhi para dejarla consignada en una guesthouse junto con la ropa de invierno y el equipamiento de camping-caravaning y así poder viajar mas ligero.


Bombay.
Bombay esta bien pero me gustan mas Delhi o Calcuta. Al aterrizar 35º en la sombra y 80% de humedad… me muero.
Un día, caminando cerca de la Estación Central me tropiezo con una chica intocable que llora sentada en el suelo. En sus brazos dos bebes, uno se mueve, pero el otro parece que está muerto. Cientos de personas pasan a su alrededor sin prestarle atención.
Esto de las castas me pone de los nervios.
Resisto tres días en una pensión con los colchones infestados de chinches y el aire acondicionado estropeado y pillo un tren hacia Goa.

guau!

Entre uno que es muy perro y el ordenador que no aguantó el viaje en bici por el Himalaya, me he tirado un montón de tiempo fuera de juego… vale, ya se que no es excusa, pero…
Recapitulando, aun faltan por subir posts del viaje en furgo a Menorca, del viaje en bici al Ladakh y del viaje mochilero a Perú… pero lo importante es que ahora estamos de nuevo en Asia, y viajamos con el ordenador! así que si todo va bien, durante el próximo mes iremos subiendo posts con las cositas que nos pasan en este viaje.
Hemos empezado en Bangkok, ciudad mítica y sorprendente que nos esta gustando, pero aun no sabemos muy bien donde nos llevara el destino durante las próximas semanas. La intención es visitar el norte de Vietnam y luego desparramarnos por las playas del sur de Tailandia… peeeeero, eso lo explicaremos después de subir lo que se nos quedo en el borrador en el 2010.
Mar y Montaña
Durante el verano del 2010, además de pasar mucho calor disfrazados de bombero y rata de biblioteca, y tragarnos las seis temporadas de “Lost” seguidas, encontramos tiempo para hacer alguna escapada al Pirineo y pasar unos días en Menorca con nuestra furgo roja. Esta vez son solo fotos, ea!











domingo, 14 de noviembre de 2010

asignatura pendiente


Como decía, nos había quedado pendiente explicar la última parte de nuestro viaje por México.
Para el final del viaje, decidimos reservarnos unos días en el Caribe con la intención de relajarnos y hacer el perro, que es lo que de verdad nos apetecía.
Mahahual, Punta Allen, Tulum, Chichen Itza y Isla Mujeres.
A Mahahual llegamos tras ochocientasmil horas de autobús desde Tikal. El viaje fue muy incomodo. El bus era una furgoneta un poco mas grande de lo normal y la distancia entre asientos estaba calculada como para los clics de famóbil… si algún día pilláis ese bus llevad anticoagulantes. Entre el calor y el encogimiento podéis acabar el viaje mas doblaos que el bueno de Stephen Hawking.
La primera parada en el caribe la hicimos en Mahahual, donde nos reencontramos con Urko y Ana, a los que habíamos dejado en San Cristóbal de las Casas a punto de hacerse un tatuaje.
Urko y Ana.
A veces coincides con gente, con la que bastan cinco minutos para tener la sensación de que te conoces de toda la vida. Con  Urko y Ana nos paso eso, los conocimos en el hostal de Oaxaca, nos invitaron a chalupines -saltamontes secos- despues nos tomamos unas birras… una cosa lleva a la otra, y mira por donde, acabamos haciendo parte del viaje juntos.  
En Mahahual vimos por primera vez las aguas azul turquesa del mar caribe y el pedazo tatoo de Urko.
El pueblo ofrece tranquilidad, buceo y pesca. Hicimos un par de inmersiones y el resto del tiempo lo pasamos holgazaneando en la playa durante el día, pescando en el malecón por la tarde y durmiendo a pierna suelta por al noche.

No vayáis a Mahaual para bucear, las inmersiones no valen la pena.
Lo que nos pareció mas interesante fue lo del concurso de pesca. El premio se lo llevaba el que pillaba un Marlin Blanco (Pez espada) o en su defecto el pez mas grande. Los barcos se hicieron a la mar durante tres días. Salían a primera hora y regresaban a las 6 de la tarde. La mayoría desembarcaban peces napoleón y atunes, pero el ultimo día, unos aparecieron con un Marlin realmente grande… pobre bicho, al llegar a puerto aun estaba vivo.
Pollo empanizado y mojitos.
Para visitar Punta Allen, Tulum y Chichen Itza, alquilamos un coche. En la oficina, el dependiente nos advirtió: si tienen algún problema sobre todo no llamen a la policía, porque entonces tendrán dos problemas…”
Nuestra siguiente parada fue Tulum. Allí nos bañamos en el cenote "dos ojos", visitamos las famosas ruinas al borde del mar, y nos hospedamos en el "Diamante K", unas cabañas bastante chulas dentro de nuestras humildes posibilidades. En Tulum ya se huele a muchedumbre. En las ruinas había que hacer cola para hacerse  fotos y todo el mundo iba con sus pulseritas de colores de los hoteles all included.

Al no tener carretera asfaltada, Punta Allen se mantiene fuera del circuito de los "pulseritas" y conserva el ambiente relajado que uno espera del caribe… es un autentico paraíso tropical. Nosotros llegamos atraídos por la tranquilidad y el pollo empanizado, que según Urko, era el mejor que había probado en su vida… y la verdad es que estaba para cagarse, el secreto era el rebozado, muy crujiente, y el tamaño… no se de donde sacarían los pollos, pero aquello se salía del plato, que locura!.
Alquilamos una casita con dos habitaciones y pasamos los dias perfeccionando la receta del mojito, y jugándonos las tareas domesticas al poker y al mus.

Dejamos a Urko y Ana en Playa del Carmen, pendientes de una agenda de visitas familiares algo estresante, y apuramos nuestros últimos días visitando las ruinas de Chichen Itza y descansando en la Isla Mujeres.
Chichen Itza esta bien, pero nosotros ya llevábamos muchas pirámides a cuestas y no nos impresiono, además hacia mucho calor y la entrada es carísima. Si solo vas al Yucatán, esta bien acercarse, pero si ya has visto otras pirámides, olvídate.

Los mundos de Yuppie. 
Para acabar el viaje, habíamos reservado 4 días y parte del presupuesto para tumbarnos a la bartola en un hotelazo. El elegido fue el hotel "Media Luna" en Isla Mujeres, que si bien es un modesto 4 estrellas, tiene su piscina al borde del mar, la cama king size, etc etc etc… no estuvo mal.
Lo interesante, fue aterrizar en Cancún y ver la que tienen montada en la "zona hotelera"… así, a primera vista: barcos/discoteca piratas, submarinos de vidrio para dar paseos por el fondo del mar, circuitos de moto-cross acuático, paracaídas arrastrados por lanchas… y como en Las Vegas, americanos gastando pasta por todas partes.
Aunque hicimos un par de inmersiones bonitas, no pudimos disfrutar demasiado de nuestros últimos días, pues se acercaba una de las primeras tormentas tropicales del año y el mar estaba muy picado, a ratos diluviaba, y además… después de un viaje tan chulo, después de ver y conocer tantas cosas diferentes, después de estar tres meses fuera de casa las 24 horas del día juntos…  


viva méxico cabrones!



Pedaleando por el Himalaya (I)

Shimla, Himachal Pradesh, India. Esta vez viajaré solo.
El plan es recorrer en bici la carretera NH-22, que atraviesa los valles de Kinnaur, Spiti y Ladhak en el Himalaya Indio... pero no las tengo todas conmigo.
La carretera va muuuy alta y solo es transitable durante los meses de verano. Después, la cosa se pone chunga porque lo del tiempo es una lotería, hasta que finalmente, a mediados de septiembre la carretera queda “oficialmente” cerrada. Y aunque eso, solo implica la prohíbicion del transito de autobuses -vehículos particulares y camiones siguen pasando hasta que la nieve hace la ruta intransitable- si tuviera que definir mi estado de animo actual, seria pelin jiñao.
Voy a intentar hacer la ruta en octubre, y mi peor pesadilla es que me caiga un paquetón de nieve mientras esté metido en "la zona de la muerte", que es el nombre que le he puesto a los cientoypico kilómetros sin pueblos, campamentos, ni nada de nada, que quedan encajonados entre los puertos de montaña mas altos. 
Pero bueno... el pais es grande, y si la cosa se tuerce, a otra cosa mariposa. 
Espero que Ganesh, Buda… la Virgen de las Barricadas, el Gauchito Gil y San Cristóbal me protejan en esta aventura, pero antes de seguir… tenemos pendiente subir el ultimo post de nuestro viaje por tierras mexicanas, andele!.

miércoles, 9 de junio de 2010

guateSmala


Después de más de un mes por Méjico decidimos cambiar de aires. El destino, Guatemala. 
Miguel tenía muchas ganas, y aunque a mi me parecía añadir más quilómetros al viaje, nos decidimos después de hablar con algunos mochileros y ver fotos… pero si tuviera que decidirlo hoy, lo dejaría para más adelante, después de haber visitado otros muchos países.
Dedicamos una semana al país, visitando el Lago Atitlan, la ciudad de Antigua y las ruinas mayas de Tikal.

Desde San Cristóbal de las Casas hasta Panajachel, en el lago Atitlan, fuimos en una pequeña furgoneta turística. El viaje, de 9 horas, fue bastante tremendo dado que la furgo iba a tope y la carretera estaba llena de curvas.
En la frontera, “mordida”… 15 euros para salir de Méjico y 2 más para entrar en Guatemala… por supuesto no te dan ningún resguardo ni factura y aunque sabes que te están tomando el pelo, lo pagas sin protestar por si acaso.
En Panajachel, los hoteles y restaurantes no son baratos, y en las tiendas, te da la risa con los precios, que estimamos eran tres veces más altos de lo razonable. Con todo esto, y teniendo en cuenta que a nosotros no nos gustan ni las multitudes ni que nos intenten tomar el pelo, en Panajachel no estuvimos muy cómodos.
Lo interesante está al otro lado del lago, en los pueblos ribereños que lo rodean, y en el paisaje, de gran interés para los fotógrafos. La verdad es que es un lugar muy bonito y especial. Visitamos los pueblos de Santiago, San Pedro y... otro más. Entre otras cosas, lo curioso es que cada pueblo tiene su uniforme oficial,  y todo el mundo se viste de la misma forma, lo que los diferencia de los demás pueblos.

El traslado a Antigua fue aún peor. Esta vez nos tocó un conductor suicida que nos llevó a trompicones durante todo el trayecto… ¡como echamos de menos los autobuses de Méjico… limpitos, espaciosos, puntuales! Las furgos turísticas guatemaltecas suelen ser tipo Nissan Vanette, ¿pero alguien se imagina meter a 15 guiris de 1'80 con sus mochilas correspondientes dentro? pues o eso, o nada, porque las noticias que llegan de los autobuses regulares son escalofriantes… mientras estuvimos en el país, las maras se cargaron a 4 conductores que no pagaban los impuestos que les imponen por cruzar sus territorios. Las maras, son mafias que controlan un territorio determinado, donde se dedican a todo tipo de actividades delictivas sin que nadie se atreva a toserles.  
Antigua es una ciudad muy parecida a San Cristóbal de las Casas, pero rodeada de un paisaje impresionante. Callejeando, descubrimos un Mcdonald’s con un nivel de lujo que no imaginábamos para ese tipo de restaurantes. Nos pareció el lugar ideal para instalar nuestro cuartel general: wifi gratis, lavabos limpitos, sofás tipo chess long, etc... Y claro, como una cosa lleva a la otra, se convirtió en la base de nuestra alimentación durante tres días, porque después de semanas de burritos, enchiladas, chilaquiles, tamales, etc etc etc, la verdad es que nos apetecía cambiar un poco. 
Antigua tiene un montón de virtudes que la convierten en una ciudad fantástica: una plaza de armas rebosante de actividad, arquitectura colonial, jardines frondosos… el Mcdonald’s.
Una excusión muy bonita.
Desde Antigua contratamos una excursión para visitar el volcán Pacaya, que es famoso porque está activo. Después de una hora subiendo llegamos a una zona donde la lava aún está caliente. Entre el calor que hace, los geiser de barro y los agujeros humeantes, parece que estés en las calderas del infierno. El guía acercó un bastón a uno de los agujeros e inmediatamente se inflamó… a la gente eso le gustó, y como algunos subieron marshmallows (esas nubes dulces que los americanos ponen en un palo y calientan en la barbacoa) nos pusimos a  prepararlos en la lava… mmm, que buenos! Una vez hecha la BBQL (barbacoa a la lava) tuvimos que bajar rápidamente, ya que se nos hacia tarde y no queríamos que nos oscureciera bajando por la lava… porque la lava es muy ruda y rugosa… cuando veáis a Miguel le pedís que os enseñe las marcas que se hizo haciendo el cabra.
La última parada en Guate fue en la ciudad de Flores, cuyo único interés reside en que es la base desde la cual se accede a las ruinas de Tikal y desde donde resulta razonablemente fácil volver a Méjico.
Las ruinas de Tikal resultaron increíbles y merecedoras del sacrificio que supone llegar hasta allí. Se encuentran rodeadas de selva espesa y plagadas de bichos: tucanes, papagayos, monos araña, monos aulladores, zorros, cebus y hasta jaguares (aunque afortunadamente, nosotros no nos cruzamos con ninguno). Las pirámides se elevan por encima de las copas de los árboles como si quisieran demostrar su supremacía sobre la naturaleza. La zona está muy bien restaurada, y se pueden ver pirámides y edificios que conservan algunos de sus lados cubiertos por la vegetación, tal como los encontraron los arqueólogos, y el resto limpio, por lo que es fácil comprobar lo que comentábamos en el post anterior, la contundencia y velocidad con que la selva engulle todo lo que se le pone por delante.


Nos llamó la atención la posibilidad de contratar un guía armado para que te escoltara durante la visita…¿por los jaguares?... no no, por los bandidos… y efectivamente algunos grupos numerosos iban acompañados de escolta policial… ¡uyuyuy que nos vamos pitando de Guate!
La vuelta a Méjico fue tal cual esperábamos, una odisea de más de doce horas en un autocar pequeñito, pequeñito –Miguel no cabía sentado, tenía que colocar las piernas de lado- y lleno de sufridos guiris, aguantando estoicamente el paso por cuatro controles de migración.
Al salir de Guatemala la misma historia… son 20 quetzales para salir… ¿qué? nosotros no vamos a pagar, ya lo hicimos al entrar… y ¿a quien le pagaron?… grrrrrrrr… bueno pues vale, no paguen.
Belice nos pareció un país del estilo me estas estresando, aunque solo lo vimos de pasada.
Dos sellos mas en nuestros pasaportes, y de vuelta a Méjico… ¡bien!!

miércoles, 19 de mayo de 2010

Chiapas, mon amour

En este capítulo os contaremos nuestras aventuras por Oaxaca y el estado de Chiapas… bye bye Aztecas, hello Mayas.
Oaxaca es -según dicen- la capital artística de Méjico. Está a medio camino entre el DF, y el Pacífico por un lado y las selvas del Sur por otro. Presume de tener una vida cultural intensa y más artistas per capita que en cualquier otra ciudad del país.
La verdad es que en Oaxaca nos pasamos la mayor parte del tiempo haciendo lo que más nos gusta cuando estamos de viaje: callejear sin rumbo fijo de aquí para allá… y el azar, nos regaló una fiesta de los 15 y una rúa indígena en honor a la Virgen de Guadalupe.
La rúa fue de lo más divertido. Desfilaron representantes de los pueblos cercanos ataviados con sus trajes típicos, y mientras cantaban a la virgen acompañados por bandas de música, iban repartiendo mezcal casero para deleite de los parroquianos.



De hecho, la ciudad está ubicada en el centro de un valle invadido por las plantaciones de maguey (o agave), la planta de la que se extraen tanto el mezcal como el tequila.
Lo de la fiesta de los 15 fue más curioso. En uno de nuestros paseos nos llamó la atención un grupo de gente vestida de boda a la puerta de una iglesia y nos quedamos a pipear. De pronto, llegó un coche de época y de su interior descendieron un hombre y una chica jovencísima vestida como una princesa… hubo aplausos y gritos de ¡guapa!. A continuación, la chica entro en la iglesia de la mano del hombre, y seguida por sus damas de honor se plantifico delante del altar… sola, entonces caímos en que se trataba de una fiesta de los 15, la puesta de largo que algunas familias organizan a sus hijas cuando estas cumplen los quince años.


También visitamos las ruinas de Monte Alban y paseamos por el mercado dominical de Tlacolula, donde me sentí como Gülliver en el país de Lilliput, ya que tuve que andar agachado todo el tiempo para no comerme los toldos y marquesinas de las paradas, que me llegaban a la altura de la barbilla… de hecho le alegré el día a mas de una con los coscorrones que me fui dando.
Desde Oaxaca bus nocturno hacia Palenque, en el corazón de Chiapas, donde nos esperaban unos cuantos yacimientos arqueológicos de primera categoría, la selva Lacandona con sus brumas, calor asfixiante y mosquitos, y muchas sorpresas.
En Palenque nos hospedamos en Panchán, un santuario hippie a medio camino entre la ciudad y las ruinas, donde hacían una pizza magnifica y se estaba la mar de bien entre perroflautas y saltimbanquis de todas las nacionalidades en busca de paz y amor.
Resulta increíble comprobar como la selva se traga todo lo que se le pone por delante en poco tiempo. A saber la de tesoros y secretos que deben estar ocultos bajo su manto.




Las ruinas de Palenque son muy famosas porque bajo una de sus pirámides encontraron la tumba de Pacal el Grande, un gobernante maya que murió hace mil quinientos años y se hizo enterrar con todo el equipo: joyas para impresionar a los otros muertos, armas por si alguien se ponía tonto, comida y bebida, etc.
Las ruinas de Palenque están bien, pero las de Yaxchilán son para cagarse.
La excursión hasta las ruinas de Yaxchilán es larga y cara -500km y 50 eurazos- pero vale la pena, aunque sólo sea para sentirte como Indiana Jones por unas horas.
Me explico. Para llegar hasta allí, además de cascarte 250km. de selva, selva y nada más que selva, has de navegar río abajo por el Usumacinta hasta llegar a un meandro donde lo único que oyes es a los monos aulladores y una orquestra de pájaros y grillos sonando a todo volumen. Ahí dentro están las ruinas… te dicen, y tu miras y solo ves millones de mariposas gigantescas revoloteando sin rumbo y selva espesa, tupida, compacta… y sí, a la que empiezas a andar por el sendero que sube entre raíces y lianas descubres un templito por aquí, una piramidita por allá… y no es que los edificios sean muy espectaculares, pero es que todo esta como cuando lo encontraron hace menos de 100 años.
Uno de los templos nos pareció genial. Después de andar un buen rato por la selva y acostumbrarte a sus cositas -el bichito que corretea entre las hojas y nunca ves, la rama que si te la miras bien parece una serpiente o el insecto tamaño XXL que cuando se posa sobre tu camiseta esta a punto de provocarte un infarto- descubres que delante de ti hay un pedazo templo oculto entre los árboles, con la imagen de un mono sentado en lo mas alto que te vigila… ¡uuuaaauuu! ¿esto lo han hecho personas o forma parte de la selva desde siempre?


Por el camino vimos algunos carteles que indicaban que aquello es territorio Zapatista.


Siguiente parada, San Cristóbal de las Casas.
SCdlC es una ciudad colonial preciosa, magníficamente conservada y muy divertida. Además, al estar a casi dos mil metros de altura tiene un clima agradable, que después del bochorno inhumano de Palenque y el calor infernal de Oaxaca nos sentó de perlas. Alrededor hay muchas cosas interesantes que conocer: desde el mundo de los Zapatistas, hasta las extrañas prácticas religiosas que se llevan a cabo en algunas de sus iglesias, lo que la convierten en un sitio ideal para relajarse unos cuantos días.
Los Zapatistas.
Venir a Chiapas y no visitar alguno de sus pueblos Zapatistas no tiene perdón. Ni que sea por curiosidad, vale la pena acercarse a escucharlos y valorar de primera mano que hay de cierto en lo que nos explican de ellos.
Para empezar, para visitar un Caracol -que es como ellos llaman a las 5 regiones en las que se agrupan los pueblos rebeldes- hay que ir acompañado de alguien que les merezca confianza y llevar tu documentación, si no puedes identificarte olvídate de entrar. Después, hay que tener muy claro que entras en un lugar fuera de la ley Mejicana, allí mandan ellos y ni siquiera los militares o policías se acercan. Y para acabar, has de tener claro que no vas a ver ninguna atracción turística… si llevan el pasamontañas es porque si los pillan, los enchironan.
Al entrar al Caracol te recibe un comité de seguridad que se encarga de comprobar tu identidad y de que entiendas cuales son las normas que has de seguir mientras dure la visita. Además has de responder a unas cuantas preguntas: ¿por qué vienes? ¿a que te dedicas? ¿perteneces a alguna organización?... obviamente no dejan tomar fotografías, pero si te dan permiso, es a cambio de que no las publiques en un sitio como este.
Después te recibe la Junta de Buen Gobierno, que está formada por representantes de los municipios que integran el Caracol, y que entre otras cosas, se encargan de explicar la experiencia Zapatista a los visitantes.
Finalmente te dejan un rato libre para que te pasees por el sitio.
Nosotros visitamos el Caracol Oventik. Éramos un grupo de cinco personas: cuatro guiris -nosotros dos y una pareja de profesores de Chicago- y la chica mejicana que nos hacia de guía. A ella no le dejaron pasar. Al parecer los del comité de seguridad se van turnando, y como los que había ese día no la conocían,  la invitaron a esperarnos en la puerta.
Después de pasar el filtro del comité de seguridad, nos llevaron a una sala donde nos esperaban cinco personas encapuchadas: tres mujeres y dos hombres, miembros de la Junta de Buen Gobierno del Caracol. Primero se interesaron por el motivo de nuestra visita, y tras un largo silencio nos explicaron los motivos de su levantamiento y respondieron a nuestras preguntas.
Lo que nos quedo claro -porque insistieron varias veces- es que en las comunidades Zapatistas las mujeres tienen los mismos derechos y deberes que los hombres, que respetan las creencias religiosas y leyes de cada pueblo, y que lo que les alentó a levantarse fue la represión y el abandono al que dicen estaban sometidos por parte del gobierno Mejicano.
Pero os engañaríamos si os dijéramos que la charla nos sirvió para aclararnos demasiado.
Aunque una visita de unas pocas horas no da para sacar demasiadas conclusiones, salimos un poco tristes, con la impresión de que si han llegado hasta el punto de no querer saber nada de su gobierno, y tener que vivir encapuchados en sus propios pueblos, debe ser porque antes debían estar muy muy mal.
A mi, lo que mas me sorprende es que ni el ejercito, ni la policía, ni ninguna otra institución del país, entre en esos territorios… ¿en que otro país moderno pasa eso?. Los Zapatistas son un grupo de campesinos hartos de que les tomen del pelo, pero no son un ejercito… uno llega a la conclusión de que al gobierno Mejicano le importa un bledo las condiciones de vida de esa gente, si no, no se entiende.


Lo nunca visto.
Después de nuestra visita al Caracol, nos acercamos hasta el pueblo de San Juan Chamula. Era día de mercado y las calles estaban llenas de indígenas ataviados con sus trajes típicos vendiendo frutas, animales y demás. Pero el espectáculo estaba dentro de la Iglesia.
La iglesia de San Juan, es famosa porque en su interior se practica el sincretismo, que quiere decir que se mezclan ritos de la religión cristiana, con otros paganos.
En el interior, el suelo estaba cubierto de pinaza verde, y apoyados en las paredes, habia decenas de representaciones de santos con nombres bastante estrafalarios. No había bancos, y la gente se sentaba en el suelo apartando un poco la pinaza, encendían un montón de velas, y mientras unos rezaban entre dientes, otros se sometían a curaciones por parte de los chamanes.
Las curaciones se realizan mediante sacrificios de gallinas.
Hay un código: las gallinas blancas se utilizan para los bebes o niños pequeños, las marrones para enfermedades leves, y las gallinas negras para enfermedades mas serias. En el proceso, el chaman también utiliza coca-cola, que le ayuda a expulsar los malos espíritus del enfermo mediante eructos. Así, enfermo y chaman se hacen un espacio entre la pinaza y plantan un montón de velitas delante suyo. Después, empieza el proceso de curación mediante los eructos y las oraciones, y finalmente, después de haber frotado la gallina por las partes afectadas del cuerpo del enfermo, se le retuerce el pescuezo.
Todo un espectáculo, que nos dejo perplejos.
No esta permitido hacer fotos. Pero asi como el dia de la lucha libre me sento fatal que no me dejaran entrar la camara, aquí no discuti, y aunque me moria de ganas no quise robar ninguna foto a cara de perro… asi que os lo teneis que imaginar… o mejor ir, y verlo con vuestros propios ojos.